Ayer por la tarde Patricio llegó a la hora habitual. Yo sabía, debido a una conversación que habíamos tenido días anteriores, que teníamos varias cosas pendientes. Pero traté de desviar la conversación hacia cualquier cosa que pudiera captar su interés (y por lo tanto dejar pasar estos motivos). ¿Por qué? dirán ustedes. ¿Por qué alguien que está a favor de que su relación se basa en la disciplina doméstica cuando llega el momento trata de evitar el castigo como sea? Esa es una de las contradicciones que vivimos cotidianamente, a la que se agrega el hecho de tener la suficiente contención (por decirlo de alguna manera) como para no andar tentando al destino más de lo usual. Patricio ya se había descambiado y seguía de pie mirándome. Obviamente sabía qué significaba esa mirada pero de todas maneras decidí jugar a dilatar el momento y hablar de cosas banales. Esta película, esta página, etc. Si tenía suerte él pospondría el asunto. "¿Ya terminaste? Porque tenemos que hablar... "...